El erotismo, la sensualidad y el amor son el nexo común que Steven Soderbergh, Michelangelo Antonioni y Wong Kar Wai aúnan en sus cortometrajes para formar un todo, "Eros". "The Dangerous Thread Of Things" de Michelangelo Antonioni se desarrolla en la Toscana italiana, donde una pareja afronta la pérdida de pasión en su relación. El hombre la reencuentra cuando se cruza una joven en su camino. "Equilibrium" de Steven Soderbergh, narra la historia de un ejecutivo neoyorquino que ha perdido su apetito por culpa de unos sueños eróticos con una mujer que no puede identificar. "The Hand" de Wong Kar Wai es la historia de amor entre el sastre Chang y la señorita Hua en tiempos difíciles. Un nuevo concepto de largometraje es lo que Antonioni, Soderbergh y Kar Wai intentan formar con este tres en uno. El que más problemas tuvo para rodar su corto fue Wong Kar Wai, que tuvo que desplazar su película de Sanghai a Hong Kong y Macau por una pandemia. Los dos últimos días de rodaje fueron 48 horas consecutivas. Aclamada en el Festival de Venecia de 2004, "Eros" no es sólo nexo de directores e historias, sino también de géneros dramáticos. Un experimento que Soderbergh justifica diciendo que "quería mi nombre junto al de Michelangelo Antonioni en un póster". 
En “Eros”, mientras Antonioni carga su filmografía pasada como un lastre que le impide producir una historia que conecte con el público, y Soderbergh desconoce su propio camino como director, en una desafortunada decisión, a Wong Kar-wai se le siente cómodo en el tema del erotismo, consecuente con su línea habitual de personajes solitarios, encuentros inesperados, y deseos reprimidos –habría que recordar Ashes of time (Dung che sai duk, 1994) o Fallen angels (Duo luo tian shi, 1995)– pero al mismo sorprendiéndonos con una historia original dentro de su trayectoria, un cuento romántico o una tragedia moderna, contado con el pulso de un relojero que hace rato crea maquinarias de imágenes perfectas. Cuando termina La mano, sentimos que hemos visto el cuadro acabado de un maestro del cine actual, una joya que brilla más por lo opaco de su entorno. Alcanzamos como espectadores la cúspide del placer en el cine: una historia con el ritmo propio y único de dos cuerpos que se entienden en la intimidad.

A pesar de lo insatisfactorio de los resultados, “Eros” quedará como la representación de una tendencia de la cinematografía mundial: ante la decadencia de los viejos maestros, y la ineptitud del cine norteamericano actual para desentrañar los misterios del alma humana, los directores orientales, llenos de una sensibilidad que parece perdida entre nosotros, nos muestran que todavía es posible conmovernos con historias simples, que ya no sabemos cómo contar.


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